lunes, 19 de noviembre de 2012


LA BRUJITA QUE NO PUDO SACAR EL CARNET

Ángela Figuera Aymerich

Era una brujita
tan boba, tan boba,
que no conseguía
manejar la escoba.
Todos le decían:
-Tienes que aprender
o no podrás nunca
sacar el carnet.

Ahora, bien lo sabes, 
ya no hay quien circule, 
por tierra o por aire, 
sin un requisito
tan indispensable.

Si tú no lo tienes, 
no podrás volar! 
pues ¡menudas multas
ivas a pagar! 
¡Ea! no es difícil. 
Todo es practicar: 

- Bueno... dijo ella
con resignación.
Agarró la escoba 
se salió al balcón,
miró a todos lados
y arrancó el motor...

Pero era tan boba,
que, sin ton ni son,
de puro asustada,
dio un acelerón
y salió lanzada
contra un paredón.
Como no quería
darse un coscorrón,
frenó de repente...
y cayó en picado
dentro de una fuente:
se dio un remojón,
se hirió una rodilla,
sus largas narices
se hicieron papilla
y, como la escoba
salió hecha puré,
pues, la pobrecilla,
además de chata
se quedó de a pie.

Ya no intentó nunca 
sacar el carnet.
Se quitó de bruja
y se puso a hacer 
labores de aguja.


http://www.elhuevodechocolate.com/cuentos/cuento61.htm


Esta historia de la brujita que no pudo sacar el carnet me gustó porque a los alumnos les interesan mucho las historias donde algunos de los personajes se cae ya que les parece muy gracioso y obvio que si se cuenta con las onomatopeyas será más divertida. 

domingo, 18 de noviembre de 2012


    Este cuento es muy significativo para mi ya que en mi infancia mi abuela me lo contaba cuando iba a visitarla antes de irme a dormir.
    Este cuento lo utilizaría como recurso en el aula ya que es muy  linda la moraleja que le deja a nuestros alumnos.

El flautista de Hamelín 

El flautista de HamelínHace mucho tiempo, en un pueblito  llamado Hamelín, sucedió algo muy extraño. Un día, todas las calles fueron invadidas por miles de ratones que merodeaban por todas partes, arrasando con todo el grano que había en los graneros y con toda la comida de sus habitantes.
Nadie acertaba a comprender el motivo de la invasión y, por más que intentaban ahuyentar a los ratones, parecía que que lo único que conseguían era que acudiesen más y más ratones.
Ante la gravedad de la situación, los prohombres de la ciudad, que veían peligrar sus riquezas por la voracidad de los ratones, convocaron al Consejo y dijeron:
- “Daremos cien monedas de oro a quien nos libre de los ratones”.
Pronto se presentó joven flautista a quien nadie había visto antes y les dijo:
- “La recompensa será mía. Esta noche no quedará ni un sólo ratón en Hamelín”.
El joven cogió su flauta y empezó a pasear por las calles de Hamelín haciendo sonar una hermosa melodía que parecía encantar a los ratones. Poco a poco, todos los ratones empezaron a salir de sus cuevas y a seguir al flautista mientras  continuaba tocando su flauta. Caminando, caminando, el flautista se alejó de la ciudad hasta llegar a un río, donde todos los ratones subieron a una balsa que se perdió en la distancia.
Los hamelineses, al ver las calles de Hamelín libres de ratones, respiraron aliviados. ¡Por fin estaban tranquilos y podían volver a sus negocios! Estaban tan contentos que organizaron una fiesta olvidando que había sido el joven flautista quien les había conseguido alejar los ratones. A la mañana siguiente, el joven volvió a Hamelín para recibir la recompensa que habían prometido para quien les librara de los ratones.
Pero los prohombres, que eran muy codiciosos y solamente pensaban en sus propios bienes, no quisieron cumplir con su promesa:
- “¡Vete de nuestro pueblo! ¿Crees que te debemos pagar algo cuando lo único que has hecho ha sido tocar la flauta? ¡Nosotros no te debemos nada!”
El joven flautista se enojó mucho a causa de la avaricia y la ingratitud de aquellas personas y prometió que se vengaría. Entonces, cogió la flauta con la que había hechizado a los ratones y empezó a tocar una melodía muy dulce. Pero esta vez no fueron los ratones los que siguieron insistentemente al flautista sino todos y cada uno de los niños del pueblo. Cogidos de la mano, sonriendo y sin hacer caso de los ruegos de sus padres, siguieron al joven hasta las montañas, donde el flautista les encerró en una cueva desconocida.
Hamelín se convirtió en un pueblo triste, sin las risas y la alegría de los niños; hasta las flores, que siempre tenían unos colores espléndidos, quedaron pálidas de tanta tristeza.
Pasados unos meses, los prohombres de Hamelín, junto al resto de habitantes del pueblo, buscaron al flautista para pagarle las cien monedas de oro y pedirle perdón y que por favor les devolviese a sus niños.
A partir de aquél día, los habitantes de Hamelín dejaron de ser tan ávaros y cumplieron siempre con sus promesas.

martes, 13 de noviembre de 2012

Les dejo este cuento con el que podrán trabajar la geometría este puede ser un recurso para dar figuras geométricas, lineas, etc. espero que les guste y les sirva.



El país de la geometría


Había una vez un amplio país blanco de papel. El Rey de este país era el Compás. ¿Por qué no?
El Compás. Aquí viene caminando con sus dos patitas flacas: una pincha y la otra no.

Jo jo jo jo jo, una pincha y la otra no.

El Rey Compás vivía en un gran palacio de cartulina en forma de icosaedro, con dieciocho ventanitas. Cualquiera de nosotros estaría contento en un palacio así, pero el Rey Compás no. Estaba siempre triste y preocupado.
Porque para ser feliz y rey completo le faltaba encontrar a la famosa Flor Redonda.

Jo jo jo jo jo, sin la Flor Redonda no.

El Rey Compás tenía un poderoso ejército de Rombos, una guardia de vistosos Triángulos, un escuadrón policial de forzudos Trapecios, un sindicato de elegantes Líneas Rectas, pero... le faltaba lo principal: ser dueño de la famosa Flor Redonda.
El Rey había plantado dos Verticales Paralelas en el patio, que le servían de atalaya. Las Paralelas crecían, crecían, crecían... Muchas veces el Rey trepaba a ellas para otear el horizonte y ver si alguien le traía la Flor, pero no.
Había mandado cientos de expediciones en su búsqueda y nadie había podido encontrarla.
Un día el Capitán de los Rombos le preguntó:
–¿Y para que sirve esa flor, señor Rey?
–¡Tonto, retonto! –tronó el Rey–. ¡Solamente los tontos retontos preguntan para qué sirve una flor!
El Capitán Rombo, con miedo de que el Rey lo pinchara, salió despacito y de perfil por el marco de la puerta.
Otro día el Comandante de los Triángulos le preguntó:
–Hemos recorrido todos los ángulos de la comarca sin encontrarla, señor Rey. Casi creemos que no existe. ¿Puedo preguntarle para qué sirve esa flor?
–¡Tonto, retonto! –tronó el Rey–. ¡Solamente los tontos retontos preguntan para qué sirve una flor! El Comandante de los Triángulos, temeroso de que el Rey lo pinchara, salió despacito y de perfil por una de las dieciocho ventanas del palacio.
Otra tarde la Secretaria del sindicato de Líneas Rectas se presentó ante el Rey y tuvo la imprudencia de decirle:
–¿No le gustaría conseguir otra cosa más útil, señor Rey? Porque al fin y al cabo, ¿para qué sirve una flor?
–¡Tonta, retonta! –tronó el Rey–. ¡Solamente las tontas retontas preguntan para qué sirve una flor! La pobre señorita Línea, temerosa de que el Rey la pinchara, se escurrió por un agujerito del piso.
Poco después llegaron los Trapecios, maltrechos y melancólicos después de una larga expedición.
–¿Y? ¿Encontraron a la Flor Redonda? –les preguntó el Rey, impaciente.
–Ni rastros, Majestad.
–¿Y qué diablos encontraron?
–Cubitos de hielo, tres dados, una regla y una cajita.
–¡Harrrto! ¡Estoy harrrto de ángulos y rectas y puntos! ¡Sois todos unos cuadrados! (Este insulto ofendió mucho a los Trapecios).
¡Estoy harrrto y amarrrgado! ¡Quiero encontrar a la famosa Flor Redonda!
Y todos tuvieron que corear la canción que ya era el himno de la comarca:

Sin la flor redonda no. Jo jo jo jo jo.

Los súbditos del Rey, para distraerlo, decidieron organizar un partido de fútbol. Las tribunas estaban llenas de Puntos alborotados. Los Rombos desafiaban a los Triángulos.
En fin, ganaron los Triángulos por 1 a 0 (mérito singular si se tiene en cuenta que la pelota era un cubo). El Capitán de los Rombos fue a llorar su derrota en un rincón.
El Comandante de los Triángulos, cansado y victorioso, se acercó al Rey:
–¿Y? ¿Le gustó el partido, Majestad?
–¡Bah, bah!... –dijo el Rey, distraído, siempre con su idea fija–. No perdamos tiempo con partidos; mañana salimos todos de expedición.
–¿Mañana? Pero estamos muy cansados, señor Rey. El partido duró siete horas; usted no sabe cómo cansa jugar con una pelota en forma de cubo. –Tonto, retonto, mañana partimos.
A la mañana tempranito el Rey pasó revista a sus tropas. Había decidido salir él mismo a la cabeza de la expedición. Rombos, Cuadrados, Triángulos, Trapecios y Líneas Rectas formaban fila, muertos de sueño y escoltados por unos cuantos Puntos enrolados como voluntarios.
Allá se van todos, en busca de la famosa, misteriosa y caprichosa Flor Redonda.
La expedición del Rey Compás atravesó páginas y cuadernos desolados, ríos de tinta china, espesas selvas de viruta de lápiz, cordilleras de gomas de borrar, buscando, siempre buscando a la dichosa flor.
Registraron todos los ángulos, todos los rincones, todos los vericuetos, bajo el viento, la lluvia, el granizo y la resolana.
–Me doy por vencido –dijo por fin el Rey. Quizás ustedes tenían razón y la dichosa Flor Redonda no exista. Quizá no eran tan retontos como yo pensaba. Volvamos a casita.
Cuando volvieron, el Rey se encerró en su cuarto, espantosamente triste y amargado.
Al rato entró la señora Línea a llevarle la sopita de tiza y se preocupó mucho al verlo tan triste. –Señor Rey –le dijo para consolarlo–, ¿no sabe usted que siempre es mejor cantar y bailar que amargarse?
Cuando la señorita Línea se hubo deslizado por debajo de la puerta, el Rey, que no era sordo a los consejos, dijo:
–Y bueno, probemos: la la la la... Y cantó y bailó un poquito.
Bailando, bailando, bailando, descubrió sorprendido que había dibujado una hermosa Flor Redonda sobre el piso de su cuarto. Y siguió bailando hasta dibujar flores y más flores redondas que pronto se convirtieron en un jardín.

Jo jo jo jo jo, y la Flor la dibujó.

http://www.cancioneros.com/nc/9526/0/el-pais-de-la-geometria-maria-elena-walsh

martes, 6 de noviembre de 2012

http://cuentosparadormir.com/audiocuentos/espanol-neutro/furmiga-el-futbol-de-las-hormigas-audio-cuento-narrado-en-espanol

Este audiocuento es muy interesante para trabajar en el aula, ya que sirve para inculcarle a los alumnos que lo importante no es competir sino participar de los deportes.

Lluvias eran las de antes.
-¡Qué manera de llover! –dijo el mono.
-¿Llover? Ja –dijo el sapo-, no me haga reir m´hijo. Lluvias eran las de antes.
-¿Sí, don sapo?
-Si sabrá de lluvias este sapo. Figúrese que yo supe estar en el diluvio universal
-¿En el diluvio universal?
-Y en otro montón de diluvios.
-Cuente, don sapo; ¿cómo eran las lluvias de antes?
-Los que andaban tristes eran los tigres. Apenas veían una nubecita en el cielo y ya corrían a esconderse.
-Entonces los tigres de ahora son más valientes.
-¿Tigres de ahora? Ja. No me haga reir. Tigres eran los de antes.
-¡Pero le tenían miedo a la lluvia!
-¿Miedo? Qué iban a tener miedo. Es que llovía tan fuerte que se les borraban las manchas. ¡Si sabrá de tigres este sapo!
-¿Y usted andaba en medio de los tigres?
-¿En medio? No, m´hijito. En medio no. Arriba de los tigres, domándolos. Fui el mejor domador de tigres de mi época.
-¿Y no lo asustaban los rugidos?
-¿Rugidos? ¡Quién les habrá enseñado a rugir sino este sapo!
Y eso que rugidos eran los de antes. ¡Qué manera de rugir! Parecía que era el fin del mundo ¡Qué tiempos los de antes!
-Me dan envidia, don sapo. Pero ésta es también una época peligrosa.
-¿Peligrosa? Peligros eran los de antes. Pero toda gente valiente. Y más los sapos. Este mundo ha cambiado, m´hijo.
Un ruido de hojas y de ramas quebradas se oyó entre los árboles, y el sapo, de un salto, se zambulló en la laguna.
-Eh, don sapo –dijo el mono-, no dispare que es sólo un tigre.
El sapo asomó los ojos en medio de la laguna y contestó:
-¿No le dije que el mundo está cambiando? ¡Sapos eran los de antes!

Gustavo Roldán












Este sapo es bastante presumido, les dice a sus amigos que todo lo de antes era mejor, pero cuando tuvo que demostrar su valentía le quiso disparar al tigre, asomo su cabeza para plantear el siguiente interrogante, ¿No le dije que el mundo esta cambiando?.

domingo, 4 de noviembre de 2012

http://www.luispescetti.com/acnecodta/

Les dejo el link de un cuento de Luis Maria Pescetti, este cuento es interesante para trabajar la historia del surgimiento de la lengua a partir de las travesuras de Natasha.
Saludos.